EL VERDADERO PASTOR NO HACE DIFERENCIA ENTRE LAS OVEJAS

 EL VERDADERO PASTOR NO HACE DIFERENCIA ENTRE LAS OVEJAS



El Señor Jesucristo nunca enseñó que una persona vale más que otra por el dinero que tiene, por las ofrendas que entrega o por los beneficios que pueda dar. Para Dios, cada alma tiene el mismo valor. El rico y el pobre, el fuerte y el débil, el que apenas comienza y el que lleva muchos años caminando en la fe, todos necesitan el mismo cuidado, la misma enseñanza y el mismo amor. Por eso resulta tan grave cuando un pastor comienza a tratar mejor a unos y a olvidar a otros por interés personal. Ese comportamiento no nace del corazón de Cristo.
Jesús dijo en Juan 10:11: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas." Observa que el Señor no dijo que daría su vida solamente por algunas ovejas. No hizo diferencias. No preguntó quién podía darle algo a cambio. Él entregó su vida por todas. Ese es el modelo que dejó para quienes tienen la responsabilidad de cuidar al pueblo de Dios.
La Biblia también advierte contra quienes sirven movidos por el interés. El apóstol Pedro escribió en 1 Pedro 5:2-3: "Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey." El pastor no fue llamado para aprovecharse de las ovejas. Fue llamado para servirlas, cuidarlas y conducirlas hacia Cristo.
Cuando un ministro solamente busca a quienes pueden darle dinero, regalos o favores, ha perdido de vista el propósito de su llamamiento. El corazón pastoral no puede medir el valor de una persona por lo que tiene en el bolsillo. El Señor no mira de esa manera. Él ve el alma que necesita ser fortalecida, consolada y guiada por el camino de la verdad.
Santiago también exhorta sobre este peligro. En Santiago 2:1 dice: "Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas." Más adelante explica que no debe darse un trato preferente al rico mientras se desprecia al pobre. Dios rechaza toda parcialidad, porque delante de Él todos comparecen en la misma condición: necesitados de su gracia.
Cristo mismo dio ejemplo de ello. Él se acercó al publicano despreciado, habló con la mujer samaritana, tocó al leproso que todos evitaban, recibió a los niños, llamó a pescadores humildes y también anunció la verdad a personas con autoridad. Nunca escogió a quién amar según lo que pudiera recibir. Su compasión alcanzó a todos.
El verdadero pastor visita al que puede ayudarle y también al que nunca podrá darle nada. Ora por quien tiene abundancia y también por quien apenas tiene para comer. Se alegra con el que prospera y acompaña al que atraviesa la enfermedad, la pobreza o la tristeza. Así actúa quien ha entendido el corazón del Buen Pastor.
El profeta Ezequiel también levantó una fuerte advertencia contra los pastores que se servían a sí mismos en lugar de cuidar al rebaño. Dios dijo en Ezequiel 34:2-4: "¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos!... No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida." El Señor no pasó por alto esa conducta. Él mismo llamó a cuentas a quienes olvidaron su responsabilidad.
Toda persona que recibe un ministerio debe recordar que un día dará cuentas delante de Dios. El reconocimiento de los hombres termina, las posiciones pasan y los títulos desaparecen, pero el Señor sigue examinando con justicia la manera en que cada uno sirvió a su pueblo.
Si alguna vez tienes la responsabilidad de cuidar a otros, no permitas que el interés gobierne tu corazón. Mira a las personas como Cristo las miró. Ama al necesitado, escucha al que está sufriendo, fortalece al débil y trata con el mismo respeto a todos. Esa fue la enseñanza del Señor y ese sigue siendo el camino que agrada a Dios.
Jesús nunca hizo diferencia entre las ovejas. Quien desea servir como Él sirvió debe aprender a amar sin favoritismos, sin interés y sin buscar beneficio personal. Porque el verdadero pastor no busca lo que las ovejas pueden darle; busca conducirlas con fidelidad hacia Aquel que entregó su vida por todas ellas.

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