Es una de las funciones de un Pastor

La Visitación Pastoral
El cuidado de las almas es la principal obra del pastor. El pastor es el encargado de un rebaño. Es su deber guiar, apacentar y defender a su rebaño. El mandato divino es; "Por tanto, mirad por vosotros, y por el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre." (Hechos 20:28) Es para que él, sea guía personal, espiritual y un amigo cristiano digno de toda confianza. Nuestro señor dijo, al describir al buen pastor, "Las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz." (Juan 10:3-4) Cada miembro de su rebaño es un alma encargada a su cuidado por el Señor y, si él es digno de la confianza puesta en él, él será uno de los que velan por las almas como quien ha de dar cuenta. (Heb. 13:17)
Pablo, cuando estaba en Éfeso, enseñaba públicamente y también casa por casa. En su despedida final de los ancianos de Éfeso él les encargó diciendo, "Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno." (Hechos 20:31)
El Dr. Cuyler, uno de los pastores más ocupados y más eficaces en Brooklyn, dice, "Pastores jóvenes, tengan desde el principio la meta de ser pastores en todo sentido. Vaya durante la semana a los que quieren que vengan a usted en el día del Señor. Ocúpese cada mañana en estudiar libros. Por la tarde estudie puertas de casas y la naturaleza humana. La gente le dará material para sus mejores sermones prácticos. Después de hacer lo mejor posible el domingo vaya circulando entre su rebaño como Napoleón andaba a caballo después de la batalla para saber donde pegaron en el blanco y quienes fueron los lastimados."
El Dr. Taylor, del Tabernáculo Broadway en Nueva York, en una disertación a jóvenes pastores dijo, "Ustedes van a ser un gran fracaso si son negligentes en visitar a los de su congregación. El púlpito es su trono pero ningún trono es estable que no apoya sobre el afecto de la gente. Para tener su afecto tendrán que visitarles en sus casas. Había un tiempo cuando, para mí, la visitación era un trabajo penoso pero ha llegado a ser mi gozo. Cuando estoy inclinado a estar deprimido me voy para visitar mi rebaño. Es mi anhelo salvarles a ustedes de pasar como yo, por años de poco gozo. No quiero que ustedes se equivoquen como yo."
El Dr. Juan Hall, en una disertación dada a un grupo parecido, dijo; "Debemos asegurarnos de que nada nos impida la visitación pastoral. Es de suma importancia que lleguen a conocer la gente en sus hogares, y que la gente le conozca a usted. Los niños y jóvenes deben conocerle. Los hombres deben conocerle. Únicamente así se puede entender las necesidades básicas de la gente y adaptar su predicación a ellas. No rezongue el tiempo dedicado a la visitación. Al conversar libremente con gente humilde usted va a ensanchar su concepto de la naturaleza humana y escuchar testimonios que le harán un hombre más útil en la obra de Dios."
El obispo Simpson, Al hablar de la timidez que muchos pastores jóvenes sienten en cuanto a la visitación pastoral, nos relata lo siguiente de su experiencia. "Yo tenía mucho de esta timidez al entrar al ministerio. A veces las palmas de mis manos ardían al pensar que debía salir y hacer visitas. Sin embargo, sabía que tenía que ir. Era mi deber hacía a la iglesia. Había prometido a Dios que iría. Como un soldado en el ejército avanza con timidez pero con valentía hacia a la batalla, así yo también iba en nombre del Maestro. Cuando era posible iba acompañado por un creyente que tenía experiencia. Yo hablaba con la gente amablemente, tratando de sacar de ellos algo en cuanto a su relación para con el Señor. Encontré muchos vagando y otros turbados. Intenté consolar a los angustiados. Tales visitas me hicieron bien. Me ayudaron a compadecerme de la gente y me dieron la oportunidad de abrir la Palabra de Dios con ellos. En una campaña de avivamiento que tuvimos, cerca de 300 personas pasaron adelante. Casi todas las personas eran las que yo había visitado y conocía personalmente sus angustias y, por eso, podía conducirles al Cordero de Dios.
El difunto eminente presidente Francisco Wayland, al concluir un discurso a pastores sobre este tema dijo; "Puede ser que algunos piensan que no se debe esperar que un hombre educado pase su tiempo visitando mecánico en sus talleres o amas de casa ocupadas en sus quehaceres domésticos para conversar con ellos sobre su relación para con Dios. A esta protesta tengo esta respuesta. Que el que piensa así trate de convencer a Jesús quien, en su viaje a Galilea, se sentó junto al pozo y hablaba con una mujer samaritana."
Entonces la visitación pastoral – este cuidado de las almas – es una parte esencial de la obra del pastor. Ningún pastor cumple con la responsabilidad del cargo sagrado si es negligente en hacer contactos personales con los miembros de su rebaño. Para cumplir con este deber es obvio que no hay reglas universales que se puedan aplicar. Cada hombre es distinto en sus características y manera de ser. Cada pastor tendrá mejor éxito con su propio método. Las iglesias también son distintas en sus circunstancias y estilo de vida. Un método que sirve para una iglesia no sirve para otra. Lo principal es que el pastor tiene que tener comunión personal con los miembros de su congregación. Él debe tener un plan fijo para hacerlo. Las sugerencias que doy entonces son generales y tienen que ver únicamente con los límites de su deber y métodos de llevarlo a cabo y las ventajas de hacerlo fielmente.
I. Los límites
En el horario del pastor, ¿cuánto tiempo debe ser dedicado a la visitación? Sin duda, el púlpito debe ser superior. Allá el pastor está rodeado por su rebaño. Allá él esta puesto delante del mundo como el embajador de Dios y el predicador de la Palabra de Dios y su defensor. Ningún deber privado puede superar la dignidad y responsabilidad de esta gran obra pública. Ninguna súplica de exigencias pastorales puede disculpar al pastor por ser negligente en prepararse bien para servir detrás del púlpito. Esto es esencial y principal.
Sin embargo, el pastor debe planear visitar a cada familia y aun cada persona en la congregación. En la mayoría de las iglesias no hay ninguna razón por la cual él no pueda hacerlo, por lo menos una vez cada año. En algunas, sería posible hacerlo más a menudo. Por tener un plan y por guardar tiempo en su horario es posible visitar una congregación numerosa. Supongamos que, aparte de visitas de los enfermos y casos de emergencia, el pastor hace 6 visitas cada semana. Parece ser pocas pero en tan solo seis meses él puede visitar más de 150 familias. Por regla general, no hay tantas familias en una iglesia. Debe ser posible cumplir con esto en dos o tres tardes por semana. Así el pastor se pone en comunión personal con la gente de su congregación y añade algo a su predicación que jamás puede añadir por estudiar. El Dr. Juan Hall dice; "Creo que un ministro, en buen estado de salud y obrando normalmente, debe hacer algunas visitas por lo menos cinco días cada semana. Yo lo he hecho por muchos meses. Pasando algunas horas cada día así nos da ejercicio corporal, intelectual y moral Estudiamos mejor si lo hacemos."
A la verdad, hay puestos en la iglesia que, por la grandeza de la iglesia y las exigencias de otros deberes, el pastor no puede hacer mucho más que visitar a los enfermos u otros casos especiales. Es raro cuando es así y tales iglesias deben emplear un pastor socio para que la visitación no sea descuidada. Si no es posible emplear un socio, debe ser que algunos miembros de la iglesia puedan asumir la responsabilidad.
Cuando el Tabernáculo Bautista, en aquel entonces reuniéndose en la calle Mulberry, consistía de más de mil miembros, esparcidos por todos lados en la gran ciudad, el difunto diácono Guillermo Colgate organizó un plan por el cual la congregación fue divida en zonas. Un hombre, digno de confianza, fue encargado con el cumplimiento de la visitación en su zona. Por muchos años este plan fue eficaz para atender las necesidades espirituales de la gente.
II. ¿Debe el pastor asumir la responsabilidad de visitar a los que no son miembros de la congregación?
Al contestar la pregunta, tenemos que tomar en cuenta la grandeza de su rebaño, sus talentos y los límites de su fuerza. El Señor no pide más de lo que podemos cumplir. Si tomamos en cuenta que, en zonas rurales del estado de Nueva York, menos de la mitad asiste a una iglesia evangélica, tenemos razones para preguntarnos ¿cómo todos ellos, que no se preocupan por su alma, pueden ser alcanzados con el evangelio? Un pastor que predica domingo tras domingo en una iglesia media llena debe preguntarse si es prudente esperar que estas almas vengan a él o si él debe salir en busca de ellos con el evangelio. Si él no puede hacerlo, se debe enseñar y organizar obreros de su congregación a enfrentarse con esta indiferencia en su alrededor. La inspiración y organización de tal obra enérgica de visitar casa por casa está entre los deberes más importantes del pastor. Ningún esfuerzo cristiano es más fructífero y bendecido. Sirve para ayudar a los hermanos de la iglesia a desarrollar sus talentos a despertar y convertir a los perdidos.
III. El método. 
No se puede sugerir ningún método que sirva para cualquier ministerio. Sin embargo los siguientes son dignos de consideración.
El fin de las visitas del pastor debe ser el bienestar espiritual de la gente. Hay ocasiones para visitas que son por cortesía y amistad pero casi siempre su fin debe ser el de ponerse en contacto con la gente para saber de su experiencia cristiana y ayudarles en superar lo que les impide de entregarse a Dios de todo corazón. El ministro que va de casa en casa conversando únicamente sobre temas de interés mundial es negligente en cumplir con su llamamiento y a los ojos del Maestro él es un fracaso en cuidar las almas entregadas a él.
La visita debe ser espiritual pero, a su vez, debe ser informal. Una cara larga y un estilo formal no son conducentes a la conversación sobre temas espirituales. El pastor viene como un amigo cristiano con un interés profundo en el bienestar espiritual de la familia. Al tratar con sus almas él debe usar un estilo natural para tranquilizarlos y ganar su confianza. Algunos pastores tienen algunas preguntas y exhortaciones que repiten en cada visita. Un método tan rígido y no natural es falta de poder moral. Es un estilo formal y profesional.
El hablar con la gente sobre su relación para con Dios es siempre delicado y demanda lo mejor del pastor. Tiene que tocar el tema del pecado con firmeza pero en amor. El que sabe hacerlo bien cambiará la actitud de la gente sin ofenderles. Debe hacerlo de tal forma que esté seguro de tener una bienvenida cordial en su próxima visita.
El pastor no debe mirar por alto a ninguno en la casa. Empleados, niños y los mayores deben compartir de su atención y sentir que les quiere. Debemos visitar ricos y pobres, creyentes e inconversos. Por eso, es mejor tener un plan para su visitación. Así todos sabrán que usted no tiene favoritos y, que cuando les toca a ellos, recibirán la misma atención que los demás reciben.
Por regla general, la visita debe ser breve. Muchas veces las circunstancias controlan el tiempo que se puede quedar. Si pasamos demasiado tiempo es casi seguro que quedaremos hablando de temas de este mundo. A veces los desconsiderados piden que el pastor venga de visita para quedar por medio día seguido para una comida grande. Tenga cuidado de ceder a tales inoportunidades. Es dañino para su obra, quitar tiempo de su estudio y no contribuye tanto al bienestar espiritual de la familia. Normalmente una visita debe ser breve, simpática, y seguida por una oración por la familia. Así nos alcanza tiempo para visitar a todos sin quitar el tiempo que necesitamos para otros deberes.
Una visita pastoral debe ser confidencial. No tenemos derecho de animar a la gente a que comparta con nosotros cosas privadas y después salir a compartir el conocimiento nuevo con todo el barrio. Es violar una confianza sagrada. De tal forma, muchos pastores han destruido su influencia y cerrado la puerta a la confianza de la gente.
Sobre todo, el pastor debe recordar el interdicto; "Que instes a tiempo y fuera de tiempo." (II Tim. 4:2) Debe aprovecharse de oportunidades, en el negocio, la oficina, el taller, la estancia o al lado de la ruta. Por todos lados debe ser su anhelo guiar a la gente a Cristo. Si él es prudente, va a tomar en cuenta los límites del tiempo y el ambiente pero no debe perder ninguna oportunidad para hablar de Cristo. El cuidado del alma es la obra de su vida. La salvación debe ser el tema, de continuo, de su conversación. Por regla general, es mejor hablar con los inconversos cuando estamos a solas con ellos porque de esa manera ellos estarán más propensos a expresarse. La falta de dedicación en hablar de la salvación es uno de los defectos más lamentables en la vida del ministro.
IV. Las ventajas
El crecimiento espiritual del pastor está relacionado a su fidelidad en quedarse en contacto con las almas de su iglesia. Siempre existe el peligro de que retroceda para ser un profesional. Es posible estudiar las grandes verdades de la Palabra de Dios únicamente para su preparación de sermones sin pensar en su aplicación personal para él y para los de su congregación. Si él no está consciente de su relación personal con Dios él va a leer, estudiar y orar pensando únicamente en los demás. Es posible aumentar su conocimiento bíblico y su poder profesional en cuanto a la homilética y elocuencia y, a su vez, retroceder en su vida personal como creyente.
El contacto personal con las almas en la visitación pastoral trae el asunto de vivir la vida cristiana delante de nosotros, no tanto como teoría sino como realidad personal. En esto tenemos que tratar con la vida cristiana en lo concreto y no en el abstracto. En esto somos testigos del poder de Dios para consolar a los angustiados, fortalecer a los tentados, guiar a los perplejos y triunfar sobre múltiples tentaciones. Nuestra alma experimenta todo esto como un hecho vivo. Al ministrar a los demás encontramos lo que nos hace falta para levantar nuestro espíritu y acercarnos más a Dios. Esto desarrolla en nosotros una caridad más amplia y como resultado somos creyentes más nobles y genuinos.
La visitación también nos ofrece una oportunidad de estudiar a la gente en su vida actual; sus caracteres, opiniones, tentaciones, aflicciones y pecados. El pastor exitoso tiene que ser un estudiante de su congregación. Un pastor recluso mal gasta una gran parte de su esfuerzo porque no puede adaptar su predicación a la vida actual. Puede ser que su sermón es casi perfecto en que es retórico, lógico, lleno de aprendizaje y ortodoxo pero es impotente para mover a la gente porque no se trata de su experiencia personal. No quita sus perplejidades, no toca sus pecados en particular, no se trata de preguntas vitales en su vida. El predicador no está sintonizado con la vida actual de la congregación y el sermón, aunque está bien preparado, no les mueve y no les bendice. Tenemos que estudiarla en todas sus múltiples facetas debajo del poder del pecado y la gracia de Dios. Un anciano antiguo dijo; "El predicador tiene que estudiar tres libros, la Biblia , a sí mismo y a su pueblo."
No quiero olvidar decir que la visitación pastoral es un proceso que nos enriquece mentalmente. En el estudio de la vida y la experiencia, como el pastor las encuentra al pasar de casa en casa de continuo, él está alcanzando perspectivas nuevas en carácter. En sus conversaciones, vistas nuevas de la verdad se abren delante de él y de estas vistas él regresa a su estudio con textos nuevos y nuevos temas para sermones, juntos con ilustraciones nuevas de experiencia y doctrina.
Además, estas visitas forman una relación espiritual personal entre el pastor y los de su congregación. Resulta que ellos son mucho más atentos a su predicación. El hombre con el cual usted ha hablado, con sabiduría y ternura, sobre verdades espirituales no puede tapar sus odios cuando usted predica en el día del Señor. Tampoco le escucha únicamente porque él admira su desempeño en el púlpito. Él tiene un sentimiento más profundo. Él le presta, no únicamente su oído crítico e intelectual sino también su odio espiritual y le escucha porque es sincero en buscar lo que precisa para su bienestar espiritual. Esto, sin duda, es el secreto del pastoreado exitoso, aun cuando no hay gran elocuencia en el púlpito. Es que el pastor ha establecido relaciones espirituales para con sus oyentes y, para ellos, aun sus sermones mediocres están llenos de poder sagrado. La predicación excelente puede atraer la popularidad pero únicamente el vínculo personal entre el pastor y la congregación rinde fruto eterno.
La visitación pastoral lleva al pastor a la puerta de gente que él no puede alcanzar a través del púlpito. En cada pueblo hay ancianos que necesitan ayuda espiritual en su debilidad. Hay también enfermos y angustiados que se encantan al escuchar palabras de consolación y esperanza. Hay también quienes son indiferentes, los cuales deben tener una invitación y advertencia. El pastor es el representante de Dios, encargado de hablar con tales personas.
Por último, la visitación pastoral es la mejor manera de bendecir y cimentar la relación pastoral. En estos últimos años los pastores no se han quedado mucho tiempo en la misma iglesia. Un pastor apenas está bien establecido y obrando bien y ya está pensando en mudarse. ¿Puede ser que la falta de la visitación pastoral, llevada a cabo tan fielmente por nuestros padres en el ministerio sería, en parte, una explicación de esto? Los de la iglesia nunca tienen la oportunidad de sentir la vida espiritual personal del pastor. Resulta que no tienen confianza en él y su ministerio no está sintonizado con sus necesidades. El único vínculo entre ellos es el púlpito. Cuando se cansan de su voz, su manera de ser y sus pensamientos, ellos están listos a cambiar pastores.
Además, cuando el pastor no es fiel a las almas de la gente en privado, ellos tienen dudas de su sinceridad. En el día del Señor él se presenta y proclama las verdades solemnes y los anima a tomar una decisión pero durante la semana él habla con ellos sin ninguna exhortación ni advertencia. En el púlpito él amenaza al incrédulo con el juicio de Dios pero le encuentra en su hogar o en la calle sin manifestar ninguna preocupación por su bienestar espiritual. Tal inconsistencia perjudica la confianza que la gente debe tener en su pastor y no hay un vínculo para unir pastor y pueblo.
Pero la relación entre pastor y pueblo, ordenado por Dios, es sagrada y duradera. Siendo encargado con el cuidado de las almas, él debe circular entre su rebaño como su guía espiritual y amigo. El confesionario, cual malvado que es, al principio fue una perversión de la visitación pastoral. Fue basado sobre una necesidad verdadera y universal. Era la búsqueda, por parte de almas angustiadas, de dirección y ayuda para volverse a Dios. El pastor debe llenar esta necesidad como un consejero de confianza y ayudante de los miembros de su rebaño. Si él es fiel a esta confianza sagrada sus recursos de poder de continuo aumentan, y vínculos nuevos de amor les sostiene cada año aun más unido a los corazones de los miembros de su iglesia.
V. La visitación de los enfermos
Esta es una de las responsabilidades más difíciles que caen sobre el pastor. A veces le toca guiar a las almas que se encuentran en la frontera de la eternidad. En tal caso, lo que se dice debe ser con franqueza y urgencia. Por eso he reservado este tema para consideración especial.
Debemos educar a la gente a avisar a su pastor cuando alguien está enfermo. A veces le critican por no visitar a los enfermos cuando él ni aun sabía que estaban enfermos.
Cuando es posible, debemos visitar a los enfermos después de descansar bien y después de comer. Así no hay tanto peligro de contagiarse de las enfermedades. Si se sabe que alguien tiene una enfermedad contagiosa, sería prudente averiguar sobre las precauciones que se deben tomar. Después de la visita debemos usar desinfectantes para no poner a otros en peligro. Si es prudente visitar a alguien, sabiendo que tiene una enfermedad contagiosa, es una decisión que el pastor tiene que tomar. Sobre el tema, vale la pena considerar cuidadosamente las palabras de Van Oosterzee en su libro La Teología Práctica. Él dice "La respuesta negativa, elegida por la teoría practica de algunos encuentra justificación en el deseo de preservar a uno mismo y a su familia. En oposición a esto está la teoría que aun el creyente tiene el deber de poner a riesgo su vida por los hermanos y tanto más el pastor de las ovejas y que la pérdida de la vida en la obra del Señor es el camino que se lleva a la preservación de la vida. Sin duda, el cumplir nuestro deber en estos casos puede exigir sacrificios dolorosos. Sin embargo, el Señor tiene derecho de exigir que el deber tenga prioridad sobre todo. Lutero, en 1527, durante la plaga, quedó con Pomeranus y dos diáconos en Witenburgo y así contestó la pregunta que él hizo en su tractate, "¿Se puede intentar escapar de la muerte?" La misma pregunta fue estudiada en 1574 por él, sínodo de Dort. Su conclusión fue que "Debemos ir, siendo llamados desde que sabemos que nos hace falta." ¿Qué derecho tiene el médico de almas esquivarse de su deber del cual aun el médico incrédulo está dispuesto hacer? El riesgo sufrido en tal ocasión encuentra una remuneración abundante en la gratitud del rebaño, y la aprobación de la consciencia y la experiencia de que el señor cuida a los suyos. Por supuesto, nuestra creencia en el poder y la fidelidad de Dios no nos da razón para no tomar las precauciones que exigen las circunstancias y la ciencia. A veces esta es una de las más difíciles decisiones en la vida de un pastor. Siempre existe el peligro de que él tome la decisión basada sobre el temor en vez de la fidelidad a su llamamiento.
Antes de cada visita debemos prepararnos bien estudiando y orando. Debemos tener un buen estado de ánimo espiritual. También debemos tener en mente porciones de la Biblia que podemos adoptar a las distintas condiciones y necesidades de los enfermos. Debemos estar equipados con buenas ilustraciones de la salvación o cualquier estado espiritual del enfermo. Casi no me hace falta mencionar que debemos tener buen juicio y voluntad a conmiserarnos con los afligidos. Cuando el pastor está al lado de la cama de un enfermo él debe ser un amigo compasivo.
En cuanto a su manera de ser, es importante ser natural, simpático y alegre. Debemos ayudar al enfermo a relajarse y animarle a confiar. Nuestra voz debe ser tierna y dulce, no demasiado fuerte. Excepto en circunstancias anormales, la visita debe ser breve. La negligencia en estas cosas destruirá el fruto de la visita y, en algunos casos excluirá al pastor de visitar a los enfermos.
En cuanto a la conversación con los enfermos, es difícil dar reglas fijas. El juicio y tacto del pastor sugerirán el mejor método en cada caso. Lo principal es un buen entendimiento de la condición espiritual del enfermo porque, aparte de él, el pastor no sabrá como dirigir sus palabras y aún es posible llevarle a conclusiones erróneas. No debemos tratar de consolar un corazón en rebelión a Dios. Lo que hace falta es advertencia amable. Al charlar un poco con el enfermo podemos ver una manifestación de su corazón y así podemos hablar más directamente a su necesidad. Si el enfermo ya es creyente debemos intentar saber si tiene paz para con Dios. Si no, debemos averiguar sobre lo que le impide e intentar guiarle a Dios. Si él no es creyente debemos averiguar sobre lo que le impide de entregarse a Dios y, si es posible, ayudarle en ser salvo. Debemos ser claros en nuestra explicación para evitar que él tenga una experiencia religiosa, no más. No debemos usar palabras vagas como "usted debe acudir a Cristo." Explíquele quien es Cristo, lo que él ha hecho y que tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados para poder acudir a él para la salvación. En todo caso, debemos hablar de Cristo y la amplitud de su gracia, poder y la esperanza que él nos brinda. Debemos guiar los pensamientos del enfermo a él como un Salvador vivo, personal y un amigo todo poderoso.
Siempre debemos orar por los enfermos. En el caso de alguien que esté grave, es probable que no podamos hacer nada más.
Si el que sufre está en la frontera de la eternidad debemos buscar y esperar la dirección de Dios en cuanto a las palabras de nuestra petición, intentando llevar el enfermo al trono de la gracia. Vinet apropiadamente dijo, "Espera mucho de la oración, eso es no únicamente de su poder con Dios sino también de su efecto sobre el enfermo. A través de la oración podemos hacer muchas cosas aceptables. A través de ella podemos abrir corazones cerrados. Hay algo encantador en la oración y este encanto tiene su efecto sobre nosotros. Nos hace más confiados, más gentiles, y más pacientes. A través de ella podemos hacer que el enfermo sienta que está en la presencia de Dios."
Tiempos de enfermedad brindan al pastor acceso a los hogares y corazones de su rebaño y, si los aprovechamos bien, pueden añadir en gran manera a su ministerio y fomentan un vínculo de amor entre él y los corazones de su pueblo. Si él es negligente en atender a los afligidos y enfermos es culpable de no cumplir con la obligación sagrada de su oficio y sufre reproche de ambos, los religiosos e impíos. Al fin, destruye también el poder de su ministerio en el púlpito. Por eso, él debe esforzarse en estar al tanto con los que están enfermos o afligidos y ser puntual en visitarles con el espíritu de su Maestro y con la caridad tierna y genuina de un amigo cristiano.

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