Etica Ministerial

Pastor Victor Cortes

La Responsabilidad del Pastor


Al pastor, en un sentido verdadero, está encomendado el cuidado de las almas de su congregación. Por eso, él está bajo obligación hacer todo lo que puede para su conversión y santificación. "Amonestando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre." (Col. 1:28) Pablo dijo a los ancianos de Efeso; "Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre." (Hechos 20:28) La razón que él dio a la gente por obedecer a los que se encontraban en el ministerio se encuentra en Heb. 13:17. "Porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta.""

Esta responsabilidad plenamente incluye:

Una vida personal que es un buen ejemplo. El pastor ha de ser un ejemplo del creyente. "En palabra, conducta, amor, espíritu fe y pureza." (I Tim. 4:12) Por eso, Pablo aun hizo mención de su propia vida, no como una vida perfecta, sino como un ejemplo público de carácter cristiano, diciendo a los en Filipos, "Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros." (Fil. 4:9) También a los Tesalonicenses dijo; "Vosotros sois testigos, y Dios también, de cual santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes." (I Tes. 2:10) Una vida irregular, en el pastor, anula los esfuerzos más grandes en el púlpito y puede resultar en la ruina de almas.

Un trato sabio y fiel para con las almas encargadas por él. Pablo anduvo de casa en casa, alma en alma. El "No cesó de amonestar con lágrimas a cada uno." (Hechos 20:31) El propone lo mismo como ejemplo de la fidelidad en el ministerio, requiriendo que el pastor insta, " a tiempo y fuera de tiempo." (II Tim. 4:2) Es obvio que él no pensaba que el ministro cumple todo su deber en el estudio y en el púlpito. Su trato para con las almas fue incluido también.

Un esfuerzo sincero para llegar a ser un ministro fructífero del Nuevo Testamento. El pastor está bajo obligación de esforzarse para lograr el máximo poder intelectual y en el púlpito. Los temas que él revela son entre los más grandiosos que pueden ocupara las mentes de hombres y ángeles. El fin – la salvación de almas – es el más transcendental que ha sido encargado a un ser finito. Culpable delante de Dios será el pastor negligente y perezoso, y así pone en peligro las almas de la gente.

La declaración fiel de todo el consejo de Dios. El tiene que declarar claramente ambos, las amenazas y las promesas del evangelio, los peligros y las esperanzas del alma. El no puede esquivarse de un tema porque no es de moda. Ninguna preferencia personal puede impedirle de la clara declaración de toda la palabra de Dios. Jehová dijo al atalaya; "Si tu no hablaras para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano." (Ezequiel 33:8)

El labor del pastor tiene sus limitaciones. Por supuesto Cristo no exige lo imposible de sus siervos pero, desde que han recibido talentos, es su deber usarlos. Si el pastor es fiel a su carga, será "Para Dios un grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden." (II Cor. 2:15) Al fin, el pastor debe sentir que está; "Limpio de la sangre de todos: porque no ha rehuido anunciaros todo el consejo de Dios." (Hechos 20:26-27) Así fue el ministerio de Pablo; un mero hombre, ayudado por la misma ayuda divina que ha sido prometido a cada siervo de Dios. Es fidelidad, y no éxito, que constituye el limite de nuestra responsabilidad.

El éxito pertenece a Dios. Pablo plantó, Apolo regó, pero Dios dio el crecimiento. Jeremías habló con la sinceridad y ternura de labios inspirados pero no fue bien recibido y, en la vista de los hombres, no tenía éxito. Sin embargo su nombre figura entre los ancianos destacados porque en aquella edad degradada él quedó fiel a su carga. Además, no se puede medir el poder del ministro por los resultados inmediatos. Puede ser que un avivamiento potente, en el cual cientos entran a las iglesias, sucede bajo el ministerio y a través de dones de un predicador popular, pero su causa verdadera se encuentra en la obra paciente, poco conocido, de otros con dones distintos. Cada uno tiene su don. Uno siembra, otro cosecha, y únicamente en la cosecha final, al fin del mundo, serán conocidos los resultados verdaderos de cada uno. "Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida." (Apoc. 2:10) Entonces, el límite de la responsabilidad es la fidelidad. El pastor sincero que, con lealtad a Cristo, ha ido, hasta el limite de su habilidad y oportunidad, y ha cumplido su llamamiento, puede saber con seguridad que escuchará su Maestro decir; "Bien, fiel siervo."

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